Tristemente, la entrada de hoy no podía ser para otro que no fuese Richard Wright. Ayer el cancer se llevó a este genial músico que nos ha dejado momentos impresionantes e inolvidables, sus contribuciones a “A Saucerful of Secrets”, “Summer 68″, el genial “The Great Gig in the Sky” o la calidad marca de la casa de “Shine on Your Crazy Diamond” son muestras de todo ello. Siempre a la sombra, siempre discreto y sin ánimo de destacar pero igualmente imprescindible. Pink Floyd, y la música en general, le debe mucho a él, grandes composiciones, arreglos y contribuciones vocales a la banda británica fueron su sello de presentación durante muchos años. Su forma pausada y peculiar de tocar el piano y los teclados marcaron parte del sonido Floyd. Como su amigo Gilmour ha dicho: “Nadie podrá remplazar a Richard Wright. Era un hombre dulce, modesto y discreto, pero su voz melancólica y su manera de tocar han sido componentes vitales y mágicos para algunas de las canciones más conocidas de Pink Floyd. Entre las innombrables discusiones que hemos tenido para saber cuál era la identidad de la banda, a menudo se ha olvidado la contribución de Richard”.
Descansa en paz maestro.

