Decía Victor Erice, director de esta película:
“El título, en realidad, no me pertenece. Está extraído de un libro, en mi opinión, el más hermoso que se ha escrito nunca sobre la vida de las abejas, y del que es autor el gran poeta y dramaturgo Maurice Maeterlinck. En esa obra, Maeterlinck utiliza la expresión ‘El espíritu de la colmena’ para decribir ese espíritu todopoderoso, enigmático y paradójico al que las abejas parecen obedecer, y que la razón de los hombres jamás ha llegado a comprender”.
Se trata de una película con un mensaje interesante, un metraje que permite diversas interpretaciones para llegar a la misma conclusión, un final que produce ambigüedad en el espectador. Una técnica y un tratamiento de imagen exquisito, planos cuidados y perfección en la fotografía. A esto hay que sumar la peculiaridad de que sus personajes se llaman como los actores que los interpretan, múltiples guiños al cine clásico y el riesgo de una producción de estas características en la España de la época. Sin duda nos encontramos ante una obra de culto que ningún espectador debería dejar escapar.
Sinopsis en el texto extendido (contiene spoiler)
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