Dark Side of the Moon es sin lugar a dudas uno de los álbumes más reconocidos de la historia del rock y un habitual en las respuestas de la gente cuando se les pregunta por los mejores discos de todos los tiempos. Quizá todos estos preámbulos nos puedan conducir a la errónea idea de que se trata de un disco comercial y sobrevalorado. Es cierto que puede ser un álbum de lo más comercial dentro de Pink Floyd, pero hablar de algo comercial en esta banda es muy relativo. Lo que si que está claro es que este disco es, casi con toda seguridad, el más conocido para el gran público en lo que a rock progresivo se refiere y razones hay de sobra para explicarlo.
Se trata, como ya hemos dicho, de un disco bastante accesible musicalmente hablando ya que las composiciones se alejan de las complicadas estructuras de los grandes del rock sinfónico. También hay que destacar que fue un álbum conceptual, lo cual conlleva un especial atractivo en la parte lírica, una ejecución perfecta y unas técnicas de producción hasta entonces nunca usadas hasta la fecha a cargo de Alan Parsons.
Speak To Me es uno de los mejores inicios que un álbum pueda tener, nos adentramos en el disco con los sonidos de los latidos de un corazón hasta que un grito de locura nos introduce en Breathe, la segunda parte de la primera pista. Se trata de una de las canciones más relajantes y agradables que se hayan hecho nunca, la perfecta calma después de la tempestad, las melodías de guitarra y piano junto a la precisa percusión y la voz de Gilmour transmiten una sensación de paz y bienestar increíble.
Hablabamos de que era este uno de los discos más accesibles de Pink Floyd pero, incluso siendo así, existe un lugar para la experimentación extrema. Nos metemos de lleno en On the Run. Es la hora de sacarle partido a los sintetizadores y a sus efectos, aquí también juega un papel importantísimo la producción y el sonido estéreo logradísimo. Todo concluye cuando un aluvión de despertadores nos introduce en el siguiente corte: Time.
Sobre unos acordes difusos Nick Mason hace gala de su maestría y premia a nuestros oídos con una introducción de batería totalmente ambiental. Wright y Gilmour se suman a la fiesta creando ambientes cada vez más interesantes que nos lanzan a una pieza tanto lírica como musicalmente impresionante. El solo de guitarra de Gilmour hace ver su maestría y elegancia a las seis cuerdas así como la tremenda emoción que transmite en sus ejecuciones. La tensión del pasaje instrumental estalla al llegar a un reprise de Breathe con el que termina la canción disolviéndose en la nada.
The Great Gig In The Sky es una canción llena de fuerza y sentimiento. Todo comienza con una narración de una voz en off hasta que el tema alcanza su cenit cuando el piano de Richard Wright y la voz de Clare Torry alcanzan una conjunción perfecta. De nuevo se experimenta, esta vez con voces de gospel y soul consiguiendo un tema muy emotivo y pasional antes de volver a calmarse todo para dar paso al siguiente tema.
Probablemente Money sea uno de los clásicos del rock de los setenta, indudable es que se trata de la canción más conocida de todo el disco. De lejos se pueden reconocer las influencias del blues en este corte. Aquí además podemos ver los primeros atisbos del funky de finales de los setenta, otra vez tienen lugar un montón de efectos sonoros que le dan otro matiz a la composición como solo Pink Floyd sabe hacer. Todos y cada uno se lucen en este tema, a destacar a Wright con sus complejas líneas y Gilmour con un solo de los más brillantes de su carrera.
De nuevo melodías y atmósferas agradables y pacíficas, Wright nos introduce con sus órganos en uno de los mejores temas del disco: Us and Them. Aquí todo está extremadamente cuidado y pulido y la interpretación es espectacular. Los acordes de Gilmour sirven de base para un solo de saxofón que pone los pelos de punta hasta que Dave comienza a cantar. La melodía es suave y dulce, los coros están cuidadísimos al detalle y las partes instrumentales son perfectas. Un claro ejemplo de que sin exhibiciones de virtuosismo y técnica instrumental se puede conseguir un auténtico tema de rock progresivo además de accesible para el gran público.
Los acordes de Wright servían para abandonar el corte anterior y su sintetizador nos introduce en Any Color you Like. Una instrumental en la que nos encontramos un solo de sinte muy cuidado en su ejecución y en su producción con interesantes efectos, esto da paso a un pasaje a cargo de la guitarra de Gilmour totalmente funky.
Brain Damage es la siguiente parada del viaje por la Cara Oculta de la Luna. Sin lugar a dudas Syd Barret sirvió como inspiración para los de Londres en este tema. Instrumentalmente vuelve a ser soberbio, los coros sobresalientes y los efectos de risas de fondo le dan más interés si cabe a la historia que se narra. Los contrastes en este tema son patentes con estrofas calmadas y estribillos poderosos. El final está marcado por un solo a cargo de Wright, simple, emotivo y elegante.
La traca final se abre cuando se enlaza con Eclipse un tema muy blues con unas interesantísimas progresiones de acordes descendentes. La voces de Waters y Gilmour van increscendo mientras los coros gospel contribuyen a crear un climax perfecto para terminar como se empezó el disco: con latidos de corazón que se difuminan en la nada.
Está claro que Dark Side of the Moon es una auténtica obra de culto, no solo por ser uno de los álbumes más perfectos en cuanto a composición, ejecución e interpretación sino por serlo también en cuanto a producción y experimentación con sonidos se refiere. Un álbum que ha influido a muchísimos músicos a lo largo de la historia pero que, además ha sabido llegar al público de a pie. El escuchar por primera vez este disco hace replantearse el concepto de calidad y es que la gran fama que tiene este álbum es totalmente merecida, prueba de ello fue el largo tiempo que estuvo en los primeros puestos de las listas de ventas.


